El relato del domingo no empieza al levantarnos como debería ser, si no a las 6 de la mañana más o menos, cuando a algunos nos despertaron unos poligoltarras hablando en alto sobre temas de claro contenido social, tales como levantar el pubis (pero solo las churris) o quedar después de exámenes. Estaba yo en la tienda embelesado ante tamaña facilidad oratoria cuando escuché la voz de Unai, aka The Doberman, preguntándoles amablemente dónde tenían sus tiendas para ir él después a dar la vara allí. El poligonero, las groupies y resto de personajillos iniciaron en ese momento la retirada…nunca sabrán lo cerca que estuvieron de ver la muerte de cerca…
Después, tras dormir un par de horitas nos fuimos levantando más o menos en el mismo orden del día anterior, teniendo yo el dudoso honor de ser el primer gilipollas en estar levantado, tiempo que aproveché para leer entero el librito del festival, sentado a la fresca fuera de la tienda, hasta que apareció Amets y nos dimos un paseillo hasta la zona de las duchas. A la vuelta había aparecido algun perroflauta más, así que encaminamos nuestros pasos al bareto a desayunar, donde poco a poco nos reunimos todos.
Después, desmontaje del campamento base y vuelta a Uribe Kosta, con salida de la ciudad a ritmo de Yellow Leadbetter en claro homenaje a Wayne’s World, gran película donde las haya (y ya aprovecho para recomendaros que veais This is Spinal Tap!, o seguireis siendo toda la vida unos rockeros de mediopelo.)
Por cierto, a posteriori nos enteramos que el bajo de Pearl Jam estuvo patinando en Arrigunaga y tomando unas birrillas en El Golfo, arghhhhh!
Bueno, comienzo el relato diciendo que lo he escrito en orden cronológico, pero claro el blog queda ordenado de más reciente a más antiguo, con lo cual esto debería ir después del siguiente,… en fin, que sois unos lilas.
Y llego el sábado. De hecho llegó ensequida, pues hubo que levantarse a buena hora porque el sol empezaba a calentar. Tras pegarnos una refrescante ducha en las instalaciones del festi (y no he hecho usa de la retórica en esta frase) fuimos a desayunar a un bar cercano, camino del cual Ander hizo sus primeras amistades con una de las dos tribus urbanas protagonistas del título de este post: un simpático perroflauta que quería patatas fritas.
El bar, como era de esperar, estaba repleto de azkeneros. Como Lidia estaba un poco perjudicada (no entendemos por qué, la verdad, aunque su lengua naranja le delataba) esperamos en la terracilla del local hasta que se dio una ducha y tomo algún tipo de sustancia que le pasó algún poligonero del parking cercano al recinto del festival (en definitiva, que empezaron las cervecillas del día, que solo serían las cervecillas de la mañana…)
Reunidos ya todos de nuevo y aconsejados por los amables habitantes de la capital de la CA fuimos en bus hasta la zona vieja de la ciudad, donde pasamos la mañana entre zuritos y pintxos en alegre comandita. Tras un café raparador y una interesante tertulia centrada en las series de nuestra infancia (Enrike se acordaba de las de blanco y negro), volvimos en bus para echar una pequeña siesta en un parque cercano previa a acometer nuestra segunda y última jornada musical.
Lo primero que hay que agradecer al equipo es su profesionalidad. Esta vez sí, los jugadores fueron una piña y, poniendo los intereses del colectivo por encima de los personales, dieron el callo toda la jornada hasta el punto de hacer del katxi de agua un elemento imprescindible en el devenir de la tarde. Y es que el cartel que nos esperaba era algo impresionante.
Berri Txarrak aterrizaron en el ARF unas horas después de soltar sus trallazos en Munich. Cansados, ojerosos, y como el propio Gorka comentó, con las fuerzas justas. Pero son navarros, de Lekunberri, y de energía y actitud van sobrados. El formato de trío les favorece, suenan compactos, sucios, agresivos.
Enlazaron temas de su último disco ‘Jaio. Musika. Hil’, con clásicos de anteriores trabajos, cantados y coreados por una peña entregada. Si en la edición del año pasado, los QUOTSA arrasaron con sus delirios sonoros, el ARF de 2006 debería ser recordado, entre otras muchas cosas, por el nivel demostrado por Berri Txarrak, un combo que si cantara en inglés y hubiese nacido en los USA, se codearía de tú a tú con Josh Homme y compañía.
Después de Berri Txarrak tocaron Kim Salmon, unos pesados de cagalse, hasta el punto que incluso pasando como pasamos de verlos molestaban.
Tras Kim Salmon (¡qué delito poner a estos tíos el sábado a esa hora y haber tenido que ver a Marah el viernes a la hora del Teleberri!) empezaba la tralla del tirón, a saber; The Nomads, Supagroup, Wolfmother, My Morning Jacket y Pearl Jam (y Nick Oliveri,…)
A The Nomads yo no les presté demasiada atención, ya que coincidió con la llegada de nuestro amigo Jon, así que si alguien quiere aportar algo, ya sabe, comentario al canto (que iluso soy).
Tras The Nomads vino uno de los conciertos del festival, Supagroup, el grupo de los hermanos Lee, de los que dice la leyenda son familia del mítico Bruce-be-water-my-friend. Además el cantante tiene el mérito de tener como churri a Sean Yseult nada menos, ex-bajista de White Zombie. En lo musical, son lo más parecido a ACDC que hemos visto hasta ahora, aunque en mi opinión el sonido les flojeó bastante. Este concierto será recordado además por el de la confraternización de Ander con la otra tribu urbana del título, los poligoneros.
Iba anocheciendo y se iba acercando el plato fuerte del festi, lo que se notaba en la afluencia de gente: el recinto de Mendizabala empezaba a estar repleto, hasta el punto de que ya había gente en el escenario grande haciendo guardia sin prestar atención al resto de conciertos. Que triste. Así que a Wolfmother optamos por verlos desde el fondo y lo que vimos sencillamente nos impresionó: rock setentero en estado puro tocado por tres tipos que supongo llegarán lejos y es que su primer disco es un auténtico lujo. Cabe destacar el parecido del cantante con el mítico Cerolo (este es el típico chistecillo que no coge nadie más que yo, os jodéis).
Tras Wolfmother tocaban My Morning Jacket, una de las sorpresas del festival. Empezaron el concierto a oscuras y con poco público, ya que la mayoría de la gente optó, como he comentado antes, por hacer guardia en el escenario de Pearl Jam. Aunque los vimos desde el fondo, no nos arrepentimos ya que nos sorprendieron agradablemente. Un grupo que habrá que volver a ver cuando vuelvan por aquí en mejores condiciones.
Y llegamos al plato fuerte del festival, Pearl Jam. Yo era la tercera vez que les veía y he de decir que sin lugar a dudas ha sido la mejor. Salieron a matar, comenzando con “Go” y enchufando al público desde el minuto uno. Durante unas dos horas y cuarto nos obsequiaron con temas de toda su discografía: lentas, cañeras, versiones (I believe in Miracles, dedicada a Johnny Ramone, Rockin´in the free world…la polla), tocadas como ellos saben, con una ejecución impecable técnicamente junto con el sentimiento (feeling que dicen) que las canciones se merecen. Un concierto de diez (música alta, gente maravillooosa,…)
Como curiosidad hay que comentar que cerca nuestro había dos tiparracas que plantaron (aún no sabemos como) un par de sillas altas en medio y vieron el concierto cómodamente sentadas pese al esfuerzo de algunos por que no fuese así, también medio equipo de baloncesto del Zuharrak sin las sillas y un tipo que vió la muerte de cerca cuando el doberman hizo el precalentamiento de cara a su porterior permormance en las tiendas.
Tras Pearl Jam tocaba Nick Oliveri, al que no vimos ya que nuestros cuerpos no daban más de sí. Después de despedir a Jontxu, nos sentamos en la hierba y nos fundimos lo que nos quedaba en los bolsillos en pitanza para compensar un poco el agua que llevabamos en el cuerpo. Y sin más, el día finalizó con una retirada a las tiendas vencidos por el cansancio y el frío,… porque hay que joderse que frío hacía.
El fin de semana comenzó el viernes a mediodía, cuando Ander, Mcpatu, Enrike and me llegamos como avanzadilla al recinto de Mendizabala. Bueno, en realidad eso creíamos porque Asier, en una astuta maniobra nos había adelantado y cuando salíamos de Bilbao el ya estaba disfrutando del ambiente gasteiztarra con su tienda montada en un lugar privilegiado.
Tras canjear nuestras entradas por pulseritas azules nos encaminamos al recinto de acampada a colocar nuestras moradas para los siguientes dos días. Tras arduas deliberaciones, la disposición del campamento quedó de la siguiente manera: en una tienda, la más grande, el dóberman junto a las txurris que no sabemos si levantaban o no el pubis, en otra el musmulmano con el poligoltarra y en la tienda de Frank Gehry, el menda y aitite.
Una vez colocado el campamento tocaba aprovisionarse de moneda del festival para a su vez aprovisionarse de cervezas y cervezas fundamentalmente: el cambio francamente interesante: 160 eypos en moneda del festival a cambio de 60 euros españoles y 20 de Enrike. Ni en ING, oigan.
Y bueno, vamos al grano, es decir, a la música.
A las cuatro empezaba el invento con los valencianos Uzzuhaia, con un cantante cuya voz recordaba a Ian Atsbury (de hecho se marcaron un par de canciones de The Cult) pero cuya estética,… su estética sería nombrada en infinidad de ocasiones a lo largo del asteAzkena*.
* el juego de palabras en una lista que empieza por A no lo cogerían pero vosotros sois chicos listos.
Una vez oídos los paisanos del utillero, nos encaminamos a lo que sin duda era el plato fuerte derl ARF, el concierto de Marah. Como bien pudimos comprobar a la hora de montar los tipis, las condiciones del evento eran diametralmente opuestas al hábitat natural de un bolo de los Bielanko.
Para cualquier iniciado, las verdaderas condiciones para disfrutar de un directo de Marah exigen garito apiñado, frío fuera y noche invernal. En el calor del desierto del Mojave nos encontramos con un concierto al aire libre, 50 grados a la sombra, 5 P.M. y escenario cara al sol haciendo juego con la pegata que Dave llevaba cosida a la txupa. Solo faltaban los arbustos arrancados por el viento rodando por el suelo.
Todo hacía presagiar que se mascaba la tragedia, pero como bien comentó un veterano locutor taurino, es en las plazas al sol de la Andalucía profunda donde se muestran los verdaderos genios (acto seguido empezó a recordarnos la plaza de toros de Almendralejo, pero le enchufamos el Katxi y nos dejó en paz).
Y a fe mía que si alguno era capaz de hacer mover el culo a los 500 que nos agolpamos en las primeras filas eran ellos. Tras los 5 primeros acordes del Round Blue Eyes nos dimos cuenta de que sólo ellos pueden convertir la sabana patatera en un infierno de RnR. Del concierto en si nada que no sepamos, pero concentrado en una hora.
Según cuentan las crónicas los tuvieron que reanimar de urgencia tras una noche en la que terminaron perjudicados, y a alguno de ellos poco faltó para que Chase les practicara una traqueotomía y Foreman un Electrodesfibrilador. Tras una buena dosis con todos los clásicos, Barstool Boys, Demons of White Sadness, Walt Whithman Bridge,…llegó el cenit del concierto, el empalme del Feather Boa con el cover del Baba O’Riley de los Who. Como siempre lo clavaron, de tal forma que los mismísimos Pearl Jam se acojonaron y no fueron capaces.com de atreverse a quedar en pelotas ante la potencia de los filadelfos.
A la hora de los bises bajaron a confraternizar con el populacho en las vallas dando cumplida cuenta de lo que sin duda fue el concierto estrella del ARF y reclutando unas cuantas docenas más de incondicionales. Y no nos olvidaremos de que a diferencia de muchos otros, vinieron con las ideas muy claras de dónde estaban sin necesidad de comprar enciclopedias al Tamés de turno.
En resumen, la mejor banda de Rock del III milenio, y el poder verlos cuando están en su máximo esplendor es un privilegio solo comparable a quien viera a los Pistols en el 78 o a los Led Zeppelin en el 70.
En ese momento podíamos haber recogido las tiendas y vuelto a casa. El viernes el pescado estaba vendido. Sin embargo, en un par de horas llegaría el resto del comando y decidimos seguir adelante con el plan. Por cierto, hablando de planes, la idea era soplarse poco ya que el sábado prometía ser muyyyy largo. Como siempre, lo cumplimos a rajatabla, y los 160 euros en monedas de Kim Salmon volaron ese día.
Tras Marah tocaban The Bottle Rockets, una de esas bandas que juntan rocanrol y country (Americana lo llaman) que ahora están bastante de moda en USA. No podemos comentar gran cosa del concierto, ya que aprovechamos para sentarnos en la hierba, usarla como estupefaciente y beber unas birrillas desde la izquierda del escenario Heineken. Después de estos era el turno de Gang of Four, de los que recuerdo aún menos, bueno sí, recuerdo que visitamos los puestos, que me compré una camiseta del festival, que Asier buscaba una de Thin Lizzy y que llegaron Unai, Lidia y Amets. Les acompañamos a la zona de acampada, donde hicimos el definitivo reparto de tiendas, con lo cual procedieron a dejar sus cosas, entre las cuales se hallaban un extraño brebaje que posteriormente daría que hablar (y al día siguiente todo lo contrario) y unos cruasanes metidos en una jaula para que no se escaparan.
Ya el grupo al completo bajamos a ver a Eagles of Death Metal, un entretenido grupo en teoría comandado desde la batería por Josh Homme (pero no vino) y con un tal Jesse Hughes como frontman, (a.k.a. el primo de George Michael).
El tipo era, como decirlo, no encuentro la palabra adecuada… ¿finocchio, frocio, culattone,…? y se lo pasaba en grande consigo mismo, dándose palmaditas en el culo y cantando en falsete. El concierto pasará a la historia, sin ninguna duda, y es que durante el transcurso del mismo descubrimos el Red Bull con vodka en versión festivalera, es decir, Burn con vodka, versión moderna de lo que Panoramix daba a los irreductibles galos para enfrentarse a las ordas romanas.
Y ya que he nombrado la palabra finocchio y a Roma, acabo esta parte recordando la camiseta de Ander. Ciao.
Y siguió el viernes. Advierto a los amables lectores que a partir de este momento (cronológico) la crónica de este blog va a variar diametralmente de estilo literario. Y es que las neuronas del humilde cronista no logran recordar con claridad los detalles y las fuentes que ha consultado están en una situación similar. Pero todo tiene solución en esta vida, y tras años leyendo crónicas futbolísticas perpetradas por plumillas que no estaban ni cerca del terreno de juego, voy a aplicar los conocimientos adquiridos en redactar lo que queda del día.
Tras Eagles of Death Metal tocaron Big Star, sexagenarios vestidos de putoz jipiz tocando eso que llaman powerpop, vamos que ni fú ni fá.
Tras ellos una de las grandes bandas del festival, Redd Kross. Todo el mundo con quien había hablado me los había puesto de la hostia, si bien es cierto que ese estilo poppy que tienen no es lo que más nos gusta a los perroflautas, con excepción de Mr. Fantastic. Como ya he mencionado, no tengo recuerdos claros, pero sé que estuvieron muy bien.
Tras Redd Kross uno de los grandes momentos de festi: Buckcherry, hardrock angelino en estado puro. Un conciertazo (no me acuerdo pero estoy seguro).
En este punto hay que recordar que el imponente bote de eypos, transformado por obra y gracia del capitalismo imperante en birra iba llegando a su fin (y en burnvodka, todo hay que contarlo, si no a ver como explican algunas las lenguas naranjas con las que aparecen en la afotos).
La jornada festivalera finalizaba con los New York Dolls, putas ellas. Parece ser que el concierto estuvo bien. Yo tengo un recuerdo del mismo en forma de herida en la rodilla y Unai (sus costillas más bien) también recuerdan físicamente el mismo…. aunque bien pensado, no tengo ni idea de si los recuerdos son de este concierto o del anterior, who cares!
Tras los conciertos algunos poligoltarras acabamos la noche en la carpa con más pena que gloria. Llegaba la hora de descansar. El sábado prometía ser intenso…