20 de junio de 2008, calor asfixiante, sol de justicia.
¿Por qué, bajo esas condiciones, la gente en los alrededores de San Mamés va vestida completamente de negro? Efectivamente, al respuesta es sencilla. Los compañeros del metal tienen una cita ineludible en el monte Kobetas: la primera edición del Festival Kobetasonik, en la que podrán ver, entre otros, a grupos como Apocalyptica, Helloween, Judas Priest, Slayer, Tesla, Europe, Dio y… Kiss.
Nosotros con ayuda de una subvención territorial, nos encaminamos al recinto a primera hora de la tarde del viernes. Yo, en un momento de lucidez, he decidido acudir con camiseta blanca, de cara a ser fácilmente distinguible si me pierdo. Tras aprovisionarnos de la imprescindible cerveza y contemplar a unas simpáticas jovenzuelas con minifalda, sombrero vaquero y botas, asistimos al bolo de Airbourne, banda australiana que bebe de nuestros adorados AC/DC y que por supuesto, nos encantan.
Después tocaron Gotthard, en el otro escenario, unos hardrockeros suizos que no conocía y gustaron bastante, versión de Hush incluida. Tras visitar la zona VIP, más que nada para decir que estuvimos allí y volver a contemplar a otra simpática minifalda (esta con taconazos), llegó el turno de uno de los grupos que más ganas tenía de ver del festi: Apocalyptica, que hicieron las delicias de los jevis y no tan jevis (bueno, de estos últimos no había). Era mi primera vez y no me defraudaron.
Tras Apocalyptica, Gamma Ray en el escenario 2, de los cuales tampoco me acuerdo (diría que tocó sesión de campa, pero no estoy seguro). En algún momento de este intervalo aparecieron Ainhoa y su txorbo, a los que dejamos para ir de visita a la pollería a recuperar fuerzas mientras Ministry atronaban de fondo, y es que, como se ha convertido en costumbre, los organizadores del evento decidieron que los parias sin bono no pueden salir del recinto.
Volvimos para uno de los platos fuertes del día y del festival: Helloween, que a mi personalmente (claro!) me encantaron, con su calabazas, sus poses ensayadas y su cantante hablando en castellano. Al final del concierto se les unieron Gamma Ray en un par de temas. Tras estos, los en teoría cabezas de cartel del viernes, Judas Priest. Bueno, en teoría y en la práctica, si bien para mi (y me consta que para más gente) fueron un soberano coñazo. El Rob Halford está muy mayor, lo que podría servir de disculpa, pero claro, cuando te encuentras al día siguiente con el concierto de Dio, el argumento se viene abajo.
Cansados, hicimos el esfuerzo de ver a Slayer un rato. Una verdadera pena que no tocasen antes (las dos de la mañana!) porque a esas horas y tras el tute de la tarde (y viernes, lo que conlleva haber madrugado y currado por la mañana) no hay manera humana de disfrutar de un concierto. Pero estuvieron sobrados, de eso que quede constancia.
El sábado se presentaba, cuando menos, emocionante. Tesla y Kiss a 20 minutos de casa. Ni en nuestros sueños (musicales) más húmedos. A los tres habituales nos acompañaron de nuevo Ainhoa (sin txorbo) y Lidia, con I was made for lovin’ you de politono incluida.
Me voy a permitir pasar rápidamente por Arch Enemy (rubia minifaldera con voz deathmetalera), MSG (en buena forma), Dio (lo de este hombre no es ni medio normal, y no lo digo por su altura), Brujería, Europe (a los que oímos, más que vimos), Blind Guardian y Saxon (de los que no me acuerdo nada). Así, a las 18:50 llegaba uno de los momentos más esperados por mi en muuuucho tiempo: ver a Tesla en directo. Y no me defraudaron. Conscientes de que estaban tocando en un festival y no tenían mucho tiempo (solo les dieron una horita, viendo lo de los Judas el día anterior se me altera la sangre) tiraron de grandes éxitos, aunque lógicamente no fueron todas las que son. Love Song, Modern Day Cowboy, Heavens Trail (No Way Out), Edison’s Medicine, … un verdadero lujo. Después nos haríamos una foto con Frank Hannon.
Y llegó The hottest band in the World, el momento más esperado del festival para la gran mayoría de los asistentes, no en vano el desfile de personal maquillado como sus ídolos era espectacular. Ver a Kiss es una experiencia que todo el mundo mínimamente interesado en el rock debería hacer una vez en la vida, y es que no es necesario ni conocer un solo tema (cosa por otra parte improbable, todo el mundo conoce unos cuantos, aunque no sea consciente de ello…). Viendo a los norteamericanos, uno entiende las clásicas respuestas en entrevistas a estrellas del rock que repiten aquello de “vi a Kiss con 12 años y cambió mi vida”. Tiene que ser la leche ver a estos tíos siendo un preadolescente: fuego, sangre, confetti, plataformas (de ambos tipos, hidráulicas y en los pies), tirolinas,…¿You want the best?, you’ve got the best.
Podríamos hablar ahora del manido tema de si estos Kiss son Kiss realmente por la única presencia de Gene Simmons y Paul Stanley en sus filas y dos “impostores” haciendo de Ace Frehley y Peter Criss pero lo cierto es que ni me apetece ni me importa. Yo lo único que digo es que estuve allí y que repetiré si se vuelve a presentar la ocasión.
Nos acercamos Ibon y yo al Euskalduna a ver al legendario bluesman tras asistir a la victoria por 2-0 del Athletic de Caparrós ante el Valladolid de Mendilibar con goles de Gabilondo (minutos 6 y 65). El partido comenzó bien, con gol tempranero del donostiarra que hizo más fácil el juego rojiblanco, que dominó el partido sin… ah, no, que el blog trata de relatar los conciertos a los que asistimos…
Tengo un problemilla, y es que no me acuerdo demasiado. Bueno sí, que tocó un negro con gafas oscuras y que al finalizar el evento no teníamos claro si era ciego o no. Por lo demás, blues clásico clásico, interpretado por el hombre de las gafas con su guitarra y su armónica y que incluso a mí se me hizo pesado y largo.
Es lo que tiene ir de purista por la vida.
Nueva visita de Marah a nuestra tierra. Sin contar el miniconcierto de la FNAC ya son cuatro las veces que Patricia y nosotros les hemos visto y la verdad es que nunca defraudan. Eso sí, esta vez no llegaron al 10. No sé si por la ausencia del ajillo y el bigotillos (del batería nadie se acuerda…) o la ausencia de alcohol en la sangre del Bielanko rojo, pero al concierto le faltó “algo”. Quizás también tuvo que ver la presencia de algún retarded que otro en la zona noble donde nos encontrábamos, más preocupado de hacer fotos y hacer (se) notar que del concierto en sí. Por otro lado, hay que destacar que el Antzoki estaba a rebosar, y quizá hubo también más público “casual” que otras veces (cosas de Batzoki Irratia, supongo).
Los Bielanko, acompañados de la churri con mitones (c) a los teclados a la que ya conocíamos, un nuevo batería (tampoco me llegué a fijar en él) y un nuevo bajista (este sí, dio el callo) nos ofrecieron algo más de hora y media de celebración rockera, alternando sus ya clásicos con temas del nuevo disco que, como es habitual, ganan muchísimo en directo. Siguiendo la tradición, Serge bajó a tocar la armónica entre la peña en medio de Dishwashers Dream hasta que volvió al escenario a horcajadas de un amigo del retarded. Eso sí, seguimos sin oir en directo Barstool Boys, ya llegará. La noche finalizó con una versión del New York, New York de Sinatra coreada a todo pulmón por toda la concurrencia que puso el broche de oro a otra nueva fiesta del ruock. Y Dave que dijo que volverán este mismo año. Allí estaremos, al lado de Janire y de Patricia.
Y sí, antes tocaron otros, pero no me acuerdo de ellos.
Dentro de la larga lista de conciertos de primeras espadas que últimamente se acercan por estos lares, recibimos la visita de Bruce Springsteen y su banda de la calle Este.
El Boss es actualmente un señor mayor que sin embargo sigue dotando a sus conciertos de una energía que para sí quisieran muchos jovenzuelos. Sin embargo hay que reconocer que sus conciertos han bajado en intensidad, algo que no perciben muchos de sus fans talibanes, que siguen vitoreando cada acción de Bruce en el escenario como si fuese lo más grande que se ha visto nunca. Y es que si algo echa para atrás en los conciertos del de New Jersey es precisamente el encontrarte rodeado de seguidores de Bruce que con toda seguridad no han ido a otro concierto en todo el año y que ignoran la existencia de bandas como Marah o Lucero, por citar otras.
Así, para mucha gente presente en el BEC, el concierto fue lo mejor que se puede ver jamás, y eso no es cierto, primero porque para afirmar eso hay que ver otras bandas y segundo porque el propio Bruce lo ha hecho mejor en el pasado.
Sin embargo, no quiero decir que el concierto no fuese bueno, que lo fue, si no que no fue EL CONCIERTO. Eso sí, a mi personalmente me encantó el repertorio, que aparte de las inevitables 7-8 canciones del último disco, nos dejó perlas como Jackson Cage, Kitty`s Back o una impresionante version bluesera de Reason to Believe y que dejó fuera clásicos como Thunder Road, The River o Born in the USA. El concierto además tuvo un gran final, con toda la banda interpretando American Land, una canción de estilo tradicional folk compuesta por Bruce para sus Seeger’s Sessions, con karaoke incluido en las pantallas de video.
Se me olvidada, no puedo acabar esta crónica sin citar a Max Weinberg, batería de la banda. Una máquina de hacer ruido sin despeinarse. Grande, grande.
Por fin volvimos a otro evento y es que desde el Azkena algunos (menos Asier, que no para) andamos bastante tranquilillos. Cierto es que tampoco ha habido grandes conciertos -y no, no me valen los Waterboys -. La cosa es que Unai, Asier, Ibon persiguiendo a Cubillo, y yo nos fuimos al Antzoki a pasar otra gran velada roquera.
Nos visitaba Marc Ford, a la sazón ex-guitarrista de The Black Crowes, quien nos demostró que encima de un escenario puede hacer y hace lo que se sale de la punta del mástil, que no es otra cosa que rock americano del de toda la vida, con reminiscencias dylanianas, youngianas e incluso (a ver como lo escribo) screamintreenianas.
Hora y tres cuartos más o menos de puro rock y guitarreos a tutiplen del señor Ford, acompañado por su hijo, un buen bajista al que le sobran dos cuerdas de las cuatro y un batería que ni se despeinó (y no porque llevase pelo rasta). Y es que menos el churumbel, los demás anduvieron absolutamente sobrados, repasando los temas de los dos discos del ex-cuervo, y es que, que me corrija alguien si no, creo que no tocó ninguna versión. Al pequeño de los Ford se lo perdonamos, que nosotros a su edad estabamos preparando la selectividad o algo así.
Se me hizo corto, y la ovación que se llevaron al acabar el concierto me hace pensar que no fui al único. En definitiva, buena música, un gran sonido y ya solo queda esperar a que un día podamos ver por fin a la banda que este hombre nunca debió abandonar.
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