Nueva visita de Marah a nuestra tierra. Sin contar el miniconcierto de la FNAC ya son cuatro las veces que Patricia y nosotros les hemos visto y la verdad es que nunca defraudan. Eso sí, esta vez no llegaron al 10. No sé si por la ausencia del ajillo y el bigotillos (del batería nadie se acuerda…) o la ausencia de alcohol en la sangre del Bielanko rojo, pero al concierto le faltó “algo”. Quizás también tuvo que ver la presencia de algún retarded que otro en la zona noble donde nos encontrábamos, más preocupado de hacer fotos y hacer (se) notar que del concierto en sí. Por otro lado, hay que destacar que el Antzoki estaba a rebosar, y quizá hubo también más público “casual” que otras veces (cosas de Batzoki Irratia, supongo).
Los Bielanko, acompañados de la churri con mitones (c) a los teclados a la que ya conocíamos, un nuevo batería (tampoco me llegué a fijar en él) y un nuevo bajista (este sí, dio el callo) nos ofrecieron algo más de hora y media de celebración rockera, alternando sus ya clásicos con temas del nuevo disco que, como es habitual, ganan muchísimo en directo. Siguiendo la tradición, Serge bajó a tocar la armónica entre la peña en medio de Dishwashers Dream hasta que volvió al escenario a horcajadas de un amigo del retarded. Eso sí, seguimos sin oir en directo Barstool Boys, ya llegará. La noche finalizó con una versión del New York, New York de Sinatra coreada a todo pulmón por toda la concurrencia que puso el broche de oro a otra nueva fiesta del ruock. Y Dave que dijo que volverán este mismo año. Allí estaremos, al lado de Janire y de Patricia.
Y sí, antes tocaron otros, pero no me acuerdo de ellos.
Dentro de la larga lista de conciertos de primeras espadas que últimamente se acercan por estos lares, recibimos la visita de Bruce Springsteen y su banda de la calle Este.
El Boss es actualmente un señor mayor que sin embargo sigue dotando a sus conciertos de una energía que para sí quisieran muchos jovenzuelos. Sin embargo hay que reconocer que sus conciertos han bajado en intensidad, algo que no perciben muchos de sus fans talibanes, que siguen vitoreando cada acción de Bruce en el escenario como si fuese lo más grande que se ha visto nunca. Y es que si algo echa para atrás en los conciertos del de New Jersey es precisamente el encontrarte rodeado de seguidores de Bruce que con toda seguridad no han ido a otro concierto en todo el año y que ignoran la existencia de bandas como Marah o Lucero, por citar otras.
Así, para mucha gente presente en el BEC, el concierto fue lo mejor que se puede ver jamás, y eso no es cierto, primero porque para afirmar eso hay que ver otras bandas y segundo porque el propio Bruce lo ha hecho mejor en el pasado.
Sin embargo, no quiero decir que el concierto no fuese bueno, que lo fue, si no que no fue EL CONCIERTO. Eso sí, a mi personalmente me encantó el repertorio, que aparte de las inevitables 7-8 canciones del último disco, nos dejó perlas como Jackson Cage, Kitty`s Back o una impresionante version bluesera de Reason to Believe y que dejó fuera clásicos como Thunder Road, The River o Born in the USA. El concierto además tuvo un gran final, con toda la banda interpretando American Land, una canción de estilo tradicional folk compuesta por Bruce para sus Seeger’s Sessions, con karaoke incluido en las pantallas de video.
Se me olvidada, no puedo acabar esta crónica sin citar a Max Weinberg, batería de la banda. Una máquina de hacer ruido sin despeinarse. Grande, grande.
Por fin volvimos a otro evento y es que desde el Azkena algunos (menos Asier, que no para) andamos bastante tranquilillos. Cierto es que tampoco ha habido grandes conciertos -y no, no me valen los Waterboys -. La cosa es que Unai, Asier, Ibon persiguiendo a Cubillo, y yo nos fuimos al Antzoki a pasar otra gran velada roquera.
Nos visitaba Marc Ford, a la sazón ex-guitarrista de The Black Crowes, quien nos demostró que encima de un escenario puede hacer y hace lo que se sale de la punta del mástil, que no es otra cosa que rock americano del de toda la vida, con reminiscencias dylanianas, youngianas e incluso (a ver como lo escribo) screamintreenianas.
Hora y tres cuartos más o menos de puro rock y guitarreos a tutiplen del señor Ford, acompañado por su hijo, un buen bajista al que le sobran dos cuerdas de las cuatro y un batería que ni se despeinó (y no porque llevase pelo rasta). Y es que menos el churumbel, los demás anduvieron absolutamente sobrados, repasando los temas de los dos discos del ex-cuervo, y es que, que me corrija alguien si no, creo que no tocó ninguna versión. Al pequeño de los Ford se lo perdonamos, que nosotros a su edad estabamos preparando la selectividad o algo así.
Se me hizo corto, y la ovación que se llevaron al acabar el concierto me hace pensar que no fui al único. En definitiva, buena música, un gran sonido y ya solo queda esperar a que un día podamos ver por fin a la banda que este hombre nunca debió abandonar.
Tercer año consecutivo que pisamos Mendizabala. El cartel, sin duda, el más flojo de los que hemos presenciado en cuanto a nombres ilustres, pero sin embargo, podemos decir que hemos vuelto a disfrutar. Y es que pasar dos días en buena compañía, bebiendo cerveza (y Burn) y viendo conciertos casi nunca puede ser un mal plan.
Fuimos el viernes el que esto escribe, Alfonso, Alejandro e Ibon para empezar viendo al único grupo que conocemos que es más interesante en los intervalos entre canciones que en el desarrollo de su profesión propiamente dicho. Hablo de Las Furias, grupo formado por un pavo a la batería (las tias no tocan la batería, asegura Unai) y tres chicas al bajo, guitarra y voz. Las canciones, punkorrilas ellas, servían para pasar el rato mientras esperabamos que la bajista, más conocida como la novia de Chuki, nos contara lo primero que se le pasaba por la cabeza, a nosotros que somos rockeros, no jebis. Mientras asistíamos al espectáculo Unai se puso en comunicación para decirnos que acababa de llegar del pais natal de nuestra reina y que se liaba la manta a la cabeza y venía de camino, no sin antes afearnos la conducta por no quedarnos a dormir.
Tras ver a Las Furias nos encaminamos a la carpa montada por primera vez para esta edición. Una decisión acertada, ya que los grupos que actuaron en ella no eran de escenario grande. Claro ejemplo son Two Galants, dos chutarras de 40 kilos cada uno que se dejaron la piel en el escenario y que un buen día decidieron dedicarse a la música en vez de torturar animalillos o coleccionar armas de fuego allá en su Bay Area natal. Me quedo, sin dudarlo, con Steady Rollin’ si bien sonó un poco acelerada. Faltó Waves of Grain, quizás por ser demasiado larga para el poco tiempo de que disponían (si Waves of Grain no te emociona, háztelo mirar). Antes, sin embargo había sido el turno de una de las sorpresas del festival, los [mode ETB on] estatales [mode ETB off] Los Coronas, grupo formado por componentes de diversas bandas (Sex Museum, Vacazul, Marlango,…) que juntan sus fuerzas (y calidad) al servicio de la música surf. Gran concierto.
Tras Los Coronas era el turno del Ex-Enemigo Josele Santiago, con presencia incluida del guitarrista de Los Coronas, que al estilo Danny Methric hizo doblete. No sé de quien era enemigo este hombre, pero algún amigo tenía porque me pareció ver gente asistiendo al concierto.
Con Two Gallants llegó Unai (crónica arriba). Tras ellos, repetía por segunda vez en tres años Brant Bjork & the Bross, grupo de rock fumeta al que hicimos el mismo caso que la vez anterior: ninguno.
Lo intentamos seguidamente con Giant Sand, animados por los encendidos elogios del congresista, al que no volveremos a tomar en cuenta a la hora de decidir ver un concierto nunca más (o sí, pero para hacer lo contrario que diga). Estabamos asistiendo a un festival de rock sin riffs,… como beber cerveza sin alcohol, vamos.
Al cuarto de hora de bostezos continuados del ya quinteto presente, una sola mirada nos bastó para abandonar la carpa en busca de pitanza, ardua tarea que se prolongó durante más de una hora, con intento de servicio a cargo de Tele_pizza-Hutt incluido. Al final, cinco perritos, una hamburguesa y dos kebabs degustados en aproximadamente tres minutos de reloj, con katxi a siete euros incluido. En ese intervalo pudimos ver un poco de Roky Erickson en la pantalla, y desde luego tenía buena pinta. Blues-rock clásico clásico. Lo malo de este tipo de eventos es que hay ratos en que no llegas a todo.
Tras el refrigerio venía uno de los grupos más conocidos por nosotros y creo que por casi todo el mundo, los Diamond Dogs, que se anunciaban con la compañía de los Silver Cat Horns como sección de viento y que a la hora de la verdad eran tan solo dos, y uno de ellos (el saxo) ya estaba cuando les vimos en el Antzoki. Además, habían añadido otro guitarrista. El bolo empezó con el sonido demasiado saturado, algo que mejoró con el paso de los minutos, justo al contrario que el concierto, que se fue desinflando poco a poco. Por lo menos llegaron los riffs, eso sí, aunque alguno opinaba que el guitarrista anda sobrado de posturitas.
Una vez acabaron los Dogs, tuvimos un buen rato de parón ya que Tool, los cabezas de cartel, tenían que preparar el escenario para un concierto espectacular (en lo visual). Varias pantallas de video detrás del escenario proyectaban continuamente imágenes extrañas (fuego, muñecos,…) mientras la banda tocaba durante un poco más de una hora la misma canción y el cantante hacía sombras chinescas. Recordando el ridículo que hizo el Ayuntamiento de Bilbao con la regetona Lorna, a ver quién es el valiente que me puede asegurar quién cantaba en ese concierto, porque podía ser cualquiera. A mitad del mismo sufrimos la baja de Unai que decidió que ya tenía ración suficiente de temas monocordes. Nosotros no estuvimos mucho más y es que si algo bueno tuvo el concierto de Tool es que fue corto.
Tras los de Los Angeles, le tocó el turno de cerrar el día a Heavy Trash, otro proyecto de Jon Spencer, concierto del que he leído por ahí buenas críticas pero que no es nuestro rollo (rockabillis ellos) por lo que decidimos abandonar Mendizabala y retornar a Uribe Kosta.
El sábado repetimos Alfonso y yo, quienes recogimos a Asier en Sondika y tambien se animaron Ander y Afogutu, melómano donde los haya y que disfrutó como un enano la tarde de los riffs. Porque, lo siento Unai, el sábado hubo riffs por un tubo.
Empezó la jornada con una multitud de cero (0) personas delante del escenario Heineken cuando comenzaron a tocar los navarroirlandeses Hoey and the Mussels. Nosotros estabamos sacando las primeras birras así que una vez cumplido el trámite (sin cerveza en la mano no te dejan ver conciertos, dicen), nos encaminamos a primera fila. Para el segundo tema ya estuvimos unas 30 personas, incluido un arrastrado que nos pidió cerveza, al más puro estilo perroflautista de Bilboko Jaiak. Elitistas nosotros, no le dimos. Al grupo ya lo conocíamos y nos volvió a gustar, si fueran guiris más de uno los tendría en un altar… es lo que hay.
Tras los Mussels, tocaban en la carpa los colegas de Asier…digo los Sexty Sexers. Para mi uno de los momentos cumbres del festival. Musicalmente interesantes, estuvieron espectaculares, poniendo la carpa patas arriba, sobre todo su guitarra solista, ElectricChild, que se revolcó por el suelo, saltó entre el público, se subió a la barra de la derecha,…impagable la cara del cantante mirando de reojo en plan ¿qué está haciendo este ahora que todo el mundo le mira?. Además se presume el buen gusto musical: reminiscencias a The Cult (esa voz,…), camisetas de Thin Lizzy o Supagroup,…Hay que destacar la presencia en las primeras filas de la novia de Chuki, que se mueve en los conciertos ajenos exactamente igual que en los propios.
Volvimos al escenario principal para ver a Clawfinger, grupo de rapmetal o algo así, con un hit a sus espaldas, Do what I say, que dejaron para el final. ¿La actuación? A mi me daba la impresión de estar viendo uno de esos conciertos que organizan la MTV o los 40 en Las Ventas (¿cuantos conciertos organizan estos en Las Ventas a lo largo del año?).
Después de aguantar a los germanos nos esperaba en la carpa una de las agradables sorpresas del fin de semana: Super 400, un grupo con un nombre cutre a más no poder pero muy interesante, en formato trío y con bajista femenina con botas altas (!!!). Setenteros ellos, está claro que beben de esos grupos que todos tenemos en mente: Cream, Zeppelin, blues,… nada nuevo, pero es que tampoco pedimos más. Habrá que verles en garito pequeño (a estos y a Two Gallants, of course). Por cierto, aproveché una visita a los urinarios para, vía SMS, llamar lilas a dos blogeros que hicieron mutis por el foro, uno por encontrarse zombi y el otro empujando una carreta o algo así.
Después de los Super 400 era el turno del Tom Petty hispano (juas!), el tal Quique González. ¡Desde mi posición en la hierba de espaldas al escenario no fui capaz de ver nada del concierto!, así que si alguien quiere aportar algo ya sabe, opción “comments”.
El concierto de los Cynics fue el momento elegido para salir al parking en busca de nuestros bocatas traídos de casa, a los que añadimos pan con queso aromatizado de Afogutu. Creo que todavía me huelen las manos. DE vuelta a Mendizabala, Ander cargó con la responsabilidad de introducir en el recinto el queso sobrante, con la muy real posibilidad de que fuese interceptado por un miembro de la seguridad del evento, no en vano está prohibido introducir alimentos y prohibidísimo el queso aromatizado. Todo salió a pedir de boca (toma juego de palabras) y pudimos degustar posteriormente el manjar, eso sí, sin pan (y sin café ni helado…).
Tras el refrigerio, vimos a los Mooney Suzuki en el escenario principal: rock clásico, un poco estilo ramoniano (hasta en las pintas) que otro año hubiera pasado desapercibido, pero que vista la escasez de guitarras del viernes, no sobraron en absoluto.
Hago un inciso para comentar que hay gente que te encuentras en el camino de la que vas dándote cuenta de que te puedes fiar musicalmente. Es el caso de Cape, que en el Habana (dónde si no) me comentó hace unas semanas que me iban a gustar los Hoodoo Gurus. No solo eso, me encantaron. Buen rock con melodías cuidadas y con un cantante simpático que se esforzó en todo momento en hacerse entender. Bien Cape, bien. Vimos el concierto Asier y yo en las primeras filas, con los Sexty Sexers delante, y puedo asegurar que conocían las canciones, siguen ganando puntos…
And at last but not least, The Answer! El grupo irlandés era una apuesta fija y no decepcionaron. Lo tienen todo, una buena base rítmica, un guitarra jebi y un cantante que canta como quiere y encima lo vive a tope. Tocaron bastantes canciones nuevas, combinándolas con las ya conocidas de su primer y hasta dentro de poco único disco. Para mi gusto sólo faltó Memphis Water (bluesero que es uno) pero lo cierto es que el concierto fue una fiesta del rock, la guinda a un nuevo fin de semana de rock. Y sí, Unai, el año que viene vendremos en tienda.
Las fotos del evento en: La Galería de La Kuadra Rock
Y aquí un video que he encontrado en tutubo y que resume un poco lo que vimos:
Y por fin lo vieron nuestros ojos y lo escucharon nuestros oídos. Como decía Unai en uno de cada dos mails intercambiados la semana pasada entre él y este cronista: METALLICA EN BILBAO, JODER.
Esta vez, en una iniciativa sin precedentes, la crónica del evento se reparte entre Unai y Borja, encargándose el primero del concierto en su vertiente puramente musical y el segundo de lo de siempre, poner paridas sobre todo lo demás. Y como el segundo, Borja, soy yo, ahí voy:
La lista de asistentes al evento esta vez era exagerada, parecía complicado que nos pudiésemos juntar todos en condiciones y, efectivamente, no fue complicado, fue imposible. Así, hacia las seis de la tarde llegábamos a Kobetamendi Ander, Idoia, Alejandro, Ibon, Alfonso, Edurne, Iñaki y yo, tras tomar algo por la capital y subir en bus sin mayores problemas, los únicos que lo hicimos (subir sin problemas).
Tras aprovisionarnos de moneda y comprobar que las sobrantes del Azkena pasado daban el pego, comenzamos nuestra peregrinación por todas las barras del recinto, porque lo que es ver conciertos pocos vimos. En una de las barras nos encontramos con Izaskun-la-alta y Hola-yo-Eneko, un tío majo al que conocemos ya de toda la vida. En ese momento se nos juntó también Unai Igartua, la única persona de todo el festival que subió en bus de línea.
El otro Unai nos había avisado hacía ya un huevo de tiempo de que salía para Kobetas y no acababa de llegar. Un mensaje en mi móvil nos puso sobre la pista: “Me cago en l p.bec”. Así que decidimos llamar a los que faltaban para que no pisasen Barakaldo y a ser posible subiesen en taxi. Jontxu, incluso se animó a subir andando y fue lo mejor que pudo hacer, porque si no no habría llegado a tiempo. Y así, el resto fueron llegando:
- Unai desesperado, hambriento y desfallecido a eso de las ocho y media.
- Amets y Laxia con x, a las nueve y media.
- Jon creo que sobre las nueve.
- Lidia y su prima más tarde pero no sé cuando porque ni las llegué a ver.
En cuanto a lo que vimos del resto de grupos del día, poco podemos decir y es que estuvimos más preocupados de darle a la birra que de ir de un escenario a otro, algo de prever teniendo en cuenta que Zico Chain, Dagoba, The (International) Noise Conspiracy y demás conjuntos musicovocales no eran “our cup of tea”, que diría un inglés que vino a Bilbao. Además, aquello a cada minuto que pasaba se iba llenando de gente lo que nos hizo situarnos en la zona elegida para ver a Metallica un par de horitas antes más o menos.
Y a partir de ahí empezó el desmembramiento de la hasta ese momento conjuntada tropa. Unos iban a por bebida, otros a hacer hueco para más bebida,… espera que viene Jon, pues yo tengo hambre,… mientras Eneko aprovechaba para presentarse. Total, que a la hora del inicio del CONCIERTO, en el lugar estabamos unos cuantos, otros no habían llegado y otras desaparecieron en algún pliegue del espacio. La situación se complicó aún más cuando una vez comenzado el concierto tuvimos el grupo principal tuvo que dividirse en dos debido a ciertos momentos de tensión (baja).
A partir de ahí, disfrutamos como perros del espectáculo que nos dieron los de Los Angeles, un concierto simplemente perfecto que, como he comentado al inicio de este post, algún día puede que escriba Unai:
Tras el concierto logramos juntarnos Idoia, Ander, Edurne, Igartua Bross, Alfonso, Laxia y yo. Vimos un rato a Incubus, comimos unos cuantos nachos y procedimos, también en grupos como no podía ser de otra manera a descender de Kobetas a pata, la única manera posible en esos momentos. Esperemos que el año que viene la logística mejore.